El presidente de honor de la Federación Nacional de Comunidades de Regantes (Fenacore), Andrés del Campo, urge a enmendar la planificación hidrológica para blindar la producción de alimentos. Para Del Campo, la tecnología y las obras de regulación son el único camino para asegurar que haya suficiente agua para los regadíos del mediterráneo, y conseguir así una reducción de los precios que se pagan por los alimentos.

 

Según Del Campo, las políticas españolas y europeas cada vez más exigentes y restrictivas con la productividad de la agricultura y del regadío, unido a los últimos planes hidrológicos aprobados agravarán la crisis alimentaria tras los efectos que la inflación ha provocado en la cesta de la compra, ya que al no asegurar el agua para producir alimentos, pueden disminuir la oferta y tensionar aún más los precios.

A su juicio, el regadío es un aliado indiscutible para garantizar la producción de alimentos en España y blindarla frente a las tensiones geopolíticas a nivel mundial, lo que cobra especial importancia tras las recientes alertas del Banco Mundial sobre el peligro de rebrote de la inflación alimentaria por una posible escalada del conflicto en Oriente Próximo.

 

Así lo expresó durante su intervención en la clausura del ciclo de conferencias de la Tribuna Carlos III, que corrió a cargo de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País y en la que fue presentado por Jaime Lamo de Espinosa, economista, doctor ingeniero agrónomo y ministro de Agricultura con Adolfo Suárez.

 

La modernización, un aliado

 

Del Campo quiso recordar cómo las inversiones público-privadas en modernización de regadíos han conseguido importantes mejoras sociales, territoriales, ambientales y económicas.

 

Por un lado, han permitido producir más con menos agua aunque con más energía, no en balde la dotación de metros cúbicos de agua por hectárea ha caído más de un 40% en los últimos 60 años, mientras que el consumo eléctrico por hectárea se ha disparado en casi un 500%

 

En la actualidad, la superficie de regadío ocupa sólo el 7,5% del territorio español mientras que representa aproximadamente el 60% de la producción agraria. En las últimas seis décadas la superficie de cultivo ha caído del orden de un 20% impulsada por la bajada del secano (-30%) mientras que la de regadío ha subido más de un 110%, principalmente, por los leñosos que representan ya 1,6 millones de hectáreas.

 

En cuanto a la balanza de pagos, el regadío representa el 60% de las exportaciones agroalimentarias. Estamos hablando de más de 70.000 millones en ventas al exterior en 2023, frente a 55.000 millones de importaciones, lo que arroja un saldo positivo de la balanza de pagos de unos 15.000 millones.

 

Una mirada al futuro

 

En su intervención, Del Campo quiso también mirar con perspectiva el futuro de la agricultura de regadío que a su entender pasa por la utilización complementaria de agua de fuentes no convencionales (desalación, reutilización) y  de procedencia superficial o subterránea.

Asimismo, la futura modernización del regadío debe tener como objetivo la eficiencia en el binomio agua-energía (mediante el aprovechamiento de los desniveles geométricos), así como la producción de energía distribuida para autoconsumo en las zonas regable.

Para lograr una fijación de la población en el medio rural es necesario que se cumpla un modelo de Agricultura Sostenible, que ha de estar basado en dos principios fundamentales: por un lado, la competitividad y autosuficiencia económica -el agricultor debe poder vivir con su familia de la actividad- y, por otro, la no agresividad al medio ambiente en los medios de producción  (Modernización regadíos). De este modo se consigue una múltiple rentabilidad: económica, social , medioambiental y territorial

 

En opinión de Andrés del Campo, el regadío tecnificado y la biotecnología serán la solución para superar los retos de la demanda de alimentos.  “Con menos tierra, menos agua y menos costes de producción,  se podrá producir más con menos, y mejor”, afirma.

 

Lucha contra la sequía

 

Finalmente, Del Campo lamentó que se hayan eliminado gran cantidad de obras en infraestructuras (embalses y presas) previstas en los anteriores Planes Hidrológicos y que también resultan determinantes para mitigar algunas de las consecuencias más adversas del cambio climático, como las sequías.

 

En líneas generales, Fenacore considera que la modernización de regadíos es la mejor manera de producir más alimentos usando menos agua y energía. Pero para avanzar en el proceso, la Federación ve urgente abaratar los costes y las trabas que soportan los agricultores.

 

En este sentido, Del Campo defiende ante las próximas elecciones al Parlamento Europeo un mayor equilibrio entre la sostenibilidad ambiental y la económica, y pide que se escuchen las reivindicaciones que han hecho los agricultores durante los últimos meses por toda España y parte de Europa.

 

Además de una rebaja de las exigencias ambientales que marca la PAC en los tratamientos fitosanitarios, el presidente de honor de Fenacore propone una flexibilización del marco jurídico para que los agricultores españoles y europeos puedan competir en igualdad de condiciones con países no comunitarios en torno a la producción de alimentos y respalda la aprobación de cláusulas espejo para asegurar que los productos que entran en la UE cumplen íntegramente las exigencias de la normativa comunitaria.