Los regantes europeos alertan desde Ciudad Real de la “hiperregulación” de Bruselas y piden coherencia en la política del agua

La Junta Directiva de Irrigants d’Europe (IE), reunida el jueves 16 de abril en Ciudad Real en el marco del XVI Congreso Nacional de Comunidades de Regantes, ha lanzado un mensaje claro a las instituciones europeas: el actual modelo regulatorio en materia de agua, medio ambiente y energía está generando una presión creciente sobre el sector agrario que compromete su viabilidad.
Durante el encuentro, , los representantes europeos denunciaron una “hiperproducción normativa” procedente de Bruselas desde la aprobación de la Directiva Marco del Agua, que se ha intensificado en la última década. Según IE, las explotaciones agrícolas y las Comunidades de Regantes se ven obligadas a adaptarse continuamente a nuevas exigencias regulatorias, muchas veces sin haber amortizado aún las inversiones realizadas para cumplir las anteriores regulaciones aprobadas.

Uno de los principales diagnósticos de la reunión apunta a la fragmentación normativa dentro de la propia Comisión Europea. Las decisiones que afectan al agua —explican— se adoptan desde distintas Direcciones Generales (medio ambiente, agricultura, clima o energía) sin una visión integrada de cuenca, lo que provoca solapamientos, inseguridad jurídica y objetivos contradictorios.
En este contexto, IE reclama reforzar los mecanismos de evaluación de impacto legislativo para que cualquier nueva norma tenga en cuenta variables clave como la seguridad alimentaria, el empleo rural o la competitividad frente a terceros países. “No se puede legislar de espaldas al territorio”, resumieron fuentes de la organización.
El encuentro también sirvió para reivindicar el papel estratégico del regadío, no solo como motor económico —por su mayor productividad y capacidad exportadora— sino también como herramienta de cohesión territorial y gestión ambiental. Frente a ciertos enfoques considerados “excesivamente ambientalistas”, los regantes advierten del riesgo de reducir superficies productivas en Europa y trasladar la producción a países con menores estándares medioambientales y de calidad.

Especial atención recibió la futura estrategia europea basada en el principio Water Efficiency First, que prioriza la reducción de la demanda de agua. IE considera que, aplicado de forma rígida, puede ignorar la complejidad del sistema agrícola, especialmente en el sur de Europa, donde el regadío ya ha alcanzado altos niveles de eficiencia.
