El pasado 7 noviembre El Economista publicó, en su revista Agua y Medio Ambiente, un artículo de opinión de nuestro Presidente: Juan Valero de Palma Manglano.

Modernizar regadíos para ahorrar agua y abaratar la cesta de la compra

En una situación mundial como la que vivimos actualmente, caracterizada por un aumento constante y sostenido de la demanda de alimentos, y donde los efectos cada vez más intensos del cambio climático amenazan la disponibilidad de recursos naturales como el agua, la modernización de los sistemas de riego se presenta como una solución clave para enfrentar estos desafíos.

Desde la Federación Nacional de Comunidades de Regantes (Fenacore) venimos insistiendo desde hace tiempo en que esta modernización de los regadíos no sólo es esencial para garantizar la producción de alimentos, sino que también puede conducir a un ahorro significativo en las extracciones de agua y en la utilización más eficiente de los fertilizantes.

El ahorro de agua, que puede llegar al 25% en algunos casos, no solamente beneficia a los agricultores, sino que también tiene un impacto positivo en el medio ambiente. Conforme el sector agrícola se enfrenta a la creciente demanda de alimentos, se hace más necesario hallar maneras de producir más con menos recursos. La modernización de los regadíos es la solución para este desafío. Esta modernización también conlleva una mejora significativa en la eficiencia y la productividad. Es obvio que, contando con unos sistemas de riego más modernos y eficientes, los agricultores pueden hacer un uso más preciso del agua, la energía y los fertilizantes. Esto reduce los costes, mejora la calidad de los cultivos y el rendimiento de las tierras. La tierra se vuelve más productiva beneficiando al conjunto de la economía y al sector agrícola en general.

El impacto de esta modernización en el regadío español discurre en paralelo al peso que este tipo de cultivo tiene en España, ya que supone cerca de un 15% de la superficie agraria útil y representa alrededor de un 65% de la producción final agrícola nacional –un 67% de la producción final vegetal– empleando a más del 4% de la población ocupada. La agricultura de regadío en España es hoy un referente y un ejemplo de gestión y modernización reconocido a nivel internacional.

Colaboración público-privada

La modernización de los regadíos es un esfuerzo conjunto de colaboración en el que se han comprometido desde hace años el sector público y el privado con una inversión próxima a los 5.000 millones de euros los últimos 25 años. Los fondos de recuperación Next Generation procedentes de la Unión Europea
ayudarán a una inversión conjunta de más de 2.000 millones adicionales hasta 2026. Además, el Plan Estratégico de Recuperación y Transformación Económica (Perte) para el regadío, desarrollado en colaboración con la Dirección General del Agua del Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco), que tiene como objetivo impulsar la digitalización en las comunidades de regantes, sumará una inversión extra de más de 200 millones de euros, con la que se quiere mejorar la administración y gestión de las comunidades de regantes así como la eficiencia en el uso del agua, la energía y los fertilizantes.

La digitalización y el telecontrol son unos instrumentos fundamentales en la gestión eficiente de los recursos en las comunidades de regantes, que permiten ejercer un monitoreo y un control preciso de los sistemas de riego.

Hacia una agricultura sostenible

La modernización de los regadíos está llamada igualmente a desempeñar un papel fundamental en el desarrollo agrícola sostenible y en la fijación de la población en las áreas rurales. El modelo que defendemos se basa en armonizar dos principios clave: la competitividad y autosuficiencia económica, por un lado, y el respeto por el medio ambiente por otro. Sólo con la puesta en marcha de ambos se puede lograr una rentabilidad económica, social, medioambiental y territorial. La innovación tecnológica y la investigación en biotecnología son también esenciales para impulsar la agricultura hacia un futuro sostenible y enfrentar los desafíos de la demanda de alimentos. Si optimizamos la cantidad de agua que utilizamos y reducimos los costes de producción, podremos obtener cultivos de mayor rendimiento y mejor calidad.

Además, es necesario contar con infraestructuras y obras de regulación con las que garantizaremos un suministro estable de agua. La modernización de los sistemas de riego requiere menos agua, pero con más garantía. De esta manera, estamos dando un paso hacia un futuro más sostenible y próspero,
donde la agricultura podrá enfrentar los desafíos globales mientras preserva los recursos naturales.

Modernizar regadíos conlleva un sinfín de ventajas a efectos medioambientales, sociales y económicos. Porque nos permite producir más alimentos usando agua, energía y fertilizantes con más eficiencia. Y esa mayor producción baja el precio de la cesta de la compra y beneficia al bolsillo de los ciudadanos. Y ya sabemos que las cosas del comer conviene tomárselas en serio.